Ediciones desde el borde

Artesanía editorial

La lavadora


Casa de Anna. Otra tarde. Diferente al día anterior — más ligera, sin el peso de lo que se dijo.

Iria con el té. Anna con café.

—¿Sabes lo que me quedó del Arnau? —dice Iria.

—¿Qué?

—Lo de la lavadora.

Anna la mira.

—¿La lavadora?

—Que cuando le pregunté si quedábamos me explicó todo lo que tenía que hacer ese domingo. La lavadora, la secadora, el piso… No dijo que no. Me explicó su tarde entera.

—¿Y eso te pareció bien?

—Me pareció honesto… Que no fingió tener algo importante. No inventó una excusa. Solo dijo lo que había… La lavadora y la secadora y el piso.

Anna se ríe un poco.

—¿Y eso te gustó?

—Me gustó que no actuara… Que fuera exactamente lo que era sin intentar parecer más interesante. Hay algo en la gente que no necesita parecer más de lo que es que me resulta muy descansado.

—¿Y él era así?

—En los mensajes sí… Directo. Sin adornar. Cuando le pregunté si alguna vez se había sentido tonto conmigo me dijo que no y luego me preguntó si debería. Sin ponerse a la defensiva.

—¿Y eso no te pasó nunca con nadie más?

—Sí me ha pasado… Pero no tan rápido. Normalmente la gente tarda en bajar la guardia. Él no tenía guardia que bajar.

—¿Y eso es bueno?

—Es raro… En el buen sentido. Que alguien sea exactamente lo que ves sin capas encima.

Anna bebe.

—¿Y el beso?

Iria mira la taza.

—El beso fue muy bien… Que llevábamos cinco horas hablando y en algún momento nos dimos los dos besos de despedida y nos miramos y pasó… Sin que nadie lo precipitara. Como si fuera lo siguiente que tocaba y los dos lo supiéramos al mismo tiempo.

—¿Y después?

—Después se fue. Y yo me quedé en la calle un momento… Y en el camino de vuelta no pensé en nada que tuviera que analizarse. Solo que hacía mucho tiempo que no me gustaba alguien.

—¿Y ahora?

Iria deja la taza.

—Ahora sé que no va a ir a ningún sitio… No voy a insistir.

—¿No?

—No… La sinceridad está bien hasta que te toca competir con una lavadora. Si alguien tiene como prioridad la colada, es difícil que avance a algo más… Probablemente muere solo.

Anna se ríe.

—Eso suena un poco triste ¿no?

—Es lo que hay… Es una pena porque a mí sí que me gustó. De verdad. No como excusa ni como experimento. Me gustó… Pero si no hay reciprocidad, si a él no le pasa lo mismo, no hay nada que hacer y yo no voy a ser la que empuje. Nunca se me dio bien perseguir a la gente.

—¿Y no te quedas con la duda de qué habría pasado?

—Un poco… Pero la duda es pequeña. Lo positivo de todo esto es que me di cuenta de algo.

—¿De qué?

—De que puedo… Que llevaba años… años pensando que eso ya no me pasaría. Que algo se había cerrado. Que ya no era capaz de que alguien me gustara… Y pasó. Con el Arnau. Con la lavadora, el piso que arreglar  y el catalán mezclado con todo… Pasó igual.

—¿Y eso qué significa?

—Que ahora solo falta encontrar al correcto —Lo dice sin dramatismo, como un dato—. Que el sistema funciona. Que no estoy rota. Que es cuestión de que aparezca alguien que también quiera aparecer. Que le haga más ilusión quedar conmigo que poner una lavadora.

Anna suelta una carcajada que sobresalta a Iria.

—¿Qué te quedó de esa noche —dice Anna—. Aparte del beso.

—Que durante cinco horas no tuve que calcular nada. Que la conversación fue sola. Que me reí. Que cuando dije algo raro no se asustó ni me miró como bicho raro, solo respondió… Que me acordé de que eso existe. Que hay conversaciones que no cuestan.

—¿Y eso lo habías perdido?

—Pensé que lo había perdido, sí. O que era cosa de la edad. Que con los años las cosas se vuelven más complicadas y ya está.

—¿Y no es así?

—Esa noche no lo fue… Eso también me lo llevo.

Anna la mira.

—Iria.

—¿Qué?

—¿Qué pasaría si Arnau escuchara esta conversación?

Iria lo piensa.

—Que probablemente no la entendería… O que se iría antes de que terminara porque no le interesaría en lo absoluto.

Las dos se ríen.

—La lavadora lo espera —dice Anna.

—La lavadora y la secadora —dice Iria—. Y el piso que hay que adelantar los domingos.

Más risa.

El té. El café. La tarde.

Y algo que pesa menos que hace una hora.