Ediciones desde el borde

Artesanía editorial

Cosas de la lengua


En la casa de Toulouse rara vez se oía algún ruido que no fuera el de pájaros o perros ladrando a lo lejos.

Marc lleva un rato hablando y en algún momento Iria lo mira.

—Saps que a Toulouse parles encara més català que a Madrid? Pràcticament no em parles en castellà.

Marc se detiene.

—És cert. No m’havia adonat.

—¿Y?

——Suposo que és perquè em canso més. Parlar tot el dia en francès… Ja sé què em diràs, i no. Encara que hagi estudiat al liceu francès, el meu cervell… el meu cervell ha de fer una feina constant. No és el mateix escoltar-lo que parlar-lo.

—Eso lo entiendo. Yo querría hablar siempre en castellano… Pero me molesta que la gente cambie de idioma para hablarme en el «mío». Sobre todo acá. Cuando intentan hablarme en castellano no les entiendo, entonces el esfuerzo que tengo que hacer al final es mayor.

—Sí. El castellano de los franceses es otro idioma.

—Y sí… Además que hagan el esfuerzo y encima me cueste más entenderles…

—Si parlo francès fora de casa i castellà a casa, amb el català, què en faig?

—¿Que qué haces con el catalán?

—Sí.

—Lo que quieras.

—Et molesta?

Iria mira a Marc que mira por la ventana.

—Si no me molestaba cuando no lo entendía, menos me va a molestar ahora que lo entiendo más.

—¿Y antes? ¿Te molestaba?

—¿Al principio dices?

—Sí.

—No. Se me hacía extraño. Raro… Porque nunca había conocido a nadie de tu zona como tú. La mayoría cambiaba el chip del idioma y ya está. Pero a ti siempre se te escapaban palabras. Hacías cosas raras con el castellano.

—¿Qué cosas raras?

—Construías las frases de otra manera. O usabas palabras que existían pero que nadie usaba así… Supongo que por eso eras tú «el catalán» en Madrid, y no Andreu, Aina o David. Ellos podían tener acento pero no les pasaba lo que a ti. Entonces pasaban más piola.

—¿Qué me pasaba a mí?

Iria lo mira de nuevo. Marc sigue mirando por la ventana.

—Que el catalán se te colaba aunque no quisieras… Como el gaspillar mío pero al revés… Que el idioma de dentro se filtra aunque estés hablando el de fuera.

Marc lo piensa, sin dejar de mirar por la ventana.

—No lo había pensado así.

—Yo sí… Desde el principio me pareció que tenías dos capas idiomáticas y que la de debajo se te escapaba… Eso me parecía… no sé, interesante.

—¿Por qué?

—Porque significaba que había algo que no podías controlar del todo aunque quisieras… Que había un dentro que salía solo.

Marc deja de mirar por la ventana. Mira a Iria.

—¿Y eso te gustó?

—Me llamó la atención… Que no es exactamente lo mismo pero se parece.

Marc seguía mirando por la ventana al rouge-gorge que aparecía cada día a comer la mixtura de semillas que él preparaba y dejaba en los ciruelos de la entrada.

—Doncs et continuaré parlant en català —dice Marc.

—Y yo te seguiré respondiendo en castellano.

—En chileno.

—En chileno —repite Iria.

Ninguno de los dos dice nada más. Algo parecido a una sonrisa aparece apenas en la comisura de sus labios.