Ediciones desde el borde

Artesanía editorial

Diferencias


Iria estaba buscando las llaves dentro del bolso con esa concentración inútil de quien sabe que están ahí, pero no las encuentra. Siempre era igual, las tenía delante pero tardaba eternidades en dar con ellas. La visión en túnel le llamaba.

Anna estaba en el sofá con Nahuel, los dos mirando un libro sobre el espacio, aquel libro enorme que Marc le había comprado al niño un día cualquiera sin motivo.

—Déjalo aquí —dijo Anna sin levantar la vista—. Nosotros estamos bien.

—No, viene conmigo.

—Iria. Si es un momento.

—Que viene.

Anna levantó la vista entonces. Conocía ese tono. Era el tono de las cosas que ya están decididas y donde la conversación no va a cambiar nada, solo a demorar la salida.

Nahuel volvió del libro.

—¿Voy contigo?

—Sí. Ponte los zapatos.

Nahuel fue a buscar los zapatos mientras protestaba. Anna dejó el el libro a un lado.

—¿Pasa algo?

—No.

—Entonces, ¿por qué no lo dejas? Si tardo más en convencerte que lo que vas a tardar tú en volver.

Iria encontró las llaves.

—Porque si voy con él me tratan mejor.

Anna abrió la boca y la cerró. Luego la abrió otra vez.

—Eso pasa cuando vas con niños. La gente se ablanda, no sé, activan algo en…—

—No es ir con un niño —dijo Iria.

Anna esperó.

—Es ir con este niño. Siendo yo quien soy.

Nahuel volvió con los zapatos puestos y la cremallera de la chaqueta a medias. Iria se la subió sin agacharse, ese gesto de años.

Anna los miraba a los dos, Iria esperaba, dejando que los observara.

Nahuel tenía los ojos de Anna puestos encima con esa indiferencia suya de quien no sabe que está siendo leído.

—Mirándonos —dijo Iria, en voz baja—. ¿Qué ves?

Anna no respondió de inmediato. Algo se movió en su cara, la incomodidad de quien acaba de ver algo que estaba ahí desde siempre y que por alguna razón no había mirado con esa pregunta específica.

Iria no añadió nada. No hacía falta.

—Venga —le dijo a Nahuel—. Vamos.

La puerta se cerró. Anna se quedó en el sofá con el libro abierto y la foto de un agujero negro supermasivo, y esa pregunta todavía en la cara, reorganizando algo que creía que ya tenía ordenado.