Marc está en el suelo del salón, revisando la torre de discos, cuando encuentra la carátula.
—Bruno, ¿esto de quién es?
Bruno mira desde el sofá, apenas un segundo.
—Ah. Eso es de Iria.
Marc pone cara de pregunta.
—No sé, mi novia que escucha cosas raras.
Marc le da la vuelta al disco, lee el nombre otra vez. Lee el año: 2005. Dos años desde que salió el disco, piensa.
Cuando Iria entra, con dos vasos de agua, Marc todavía lo tiene en la mano.
—¿De qué conoces a Mishima?
—Leí algo en un foro. Después salió en la Rockdelux. Me picó la curiosidad y lo compré.
Marc se la queda mirando un momento, sin decir nada.
—¿Qué?
—Nada.
Se queda callado, mirando la carátula otra vez, y por fin lo pone en el equipo.
Suena la primera canción. Marc la escucha con los ojos medio cerrados, la cabeza apoyada en el sofá.
—Esta primera canción es muy bonita. Y la letra es…
Cert, clar i breu, susurra Marc en voz baja.
—Ya. La guitarra… La voz de la chica que canta en en esta canción…
—¿La entiendes?
—No —dice Iria—. Bueno. Algo. Pero poco.
Marc no dice nada más. Sigue escuchando, Bruno cambia de canal en la tele sin volumen, e Iria se sienta en el suelo también, al lado de Marc, sin decir nada, dejando que la canción siga hasta el final.
Cuando termina la canción, nadie se mueve a cambiarla. Suena la segunda.
—Hay una canción del disco que me gusta escuchar cuando voy por la calle. Me da la sensación que mis pies y la batería van al mismo ritmo.
—¿Cuál? —pregunta Marc.
—Miquel a l’accés 14.
—Ah… Y de esa ¿entiendes lo que dice?
—Algo. Poco.
Marc piensa en la letra de esa canción pero no dice nada. La mira.
—¿Cómo lo encontraste tú? —pregunta Iria—. A Mishima.
—Un amigo en Barcelona me pasó un disco. Hace un par de años.
—¿Y te gustó desde el principio?
—No del todo. Tuve que escucharlos unas cuantas veces.
Bruno se levanta, va hacia la cocina, deja a los dos solos un momento sin decir nada.
—¿Y ahora? —dice Iria—. ¿Te sigue gustando igual?
Marc lo piensa, mirando la carátula en el suelo.
—Más.
Iria sonríe, se queda mirando el equipo, la lucecita roja parpadeando.
—Yo lo compré por lo que leí. En el foro, luego en la revista. La curiosidad, más que otra cosa.
—Eso pasa a menudo.
—¿El qué?
—Que te interesa algo antes de entender por qué.
—Bueno, pero yo sé por qué.
Bruno vuelve con una bolsa de patatas, se sienta otra vez en el sofá, sin prestar mucha atención.
Marc sigue escuchando la canción, la mirada perdida en algún punto de la pared.
—¿En Chile hay grupos similares?
