Ediciones desde el borde

Artesanía editorial

La aplicación


El primer día la abrió por la mañana y no entró hasta bien entrada la noche.

Cuarenta y ocho likes.

Miró su edad. Su situación actual. Las fotos. Las seis.

Pensó: no es para tanto. Pensó también: algo está pasando. Las dos cosas sin cancelarse entre sí.

Interesante. Apuntó.

El segundo día, otros cuarenta y tantos. El tercero no miró la app en cinco horas y cuando volvió, habían 38 perfiles más esperando.

El sistema había seguido funcionando sin ella, que era exactamente lo que hacen los sistemas.

Puso el perfil en pausa.

Abrió el cuaderno. Tomó apuntes. Cerró el cuaderno.


Había un perfil que se repetía.

Intelectuales, o apariencia de. Músicos. Escalada. Pro palestina casi todos. Como si alguien hubiera hecho el clustering antes que ella y hubiera decidido que ese era el tipo que le correspondía sin consultárselo.

Buscó los que no encajaban. Perfiles cortos, fotos normales, poca información. El problema era la doble condición. Iria investigadora e Iria soltera contaminaban la misma conversación y no había procedimiento establecido para separarlas porque las dos usaban los mismos ojos y el mismo teléfono y el mismo cuaderno.

Agregó al perfil que estaba haciendo un estudio. Luego pensó que eso también era una forma de contaminación. Lo dejó igualmente porque no había opción que no contaminara y entre las opciones disponibles esa era al menos honesta.


Empezó a quedar.

El primero era del grupo de estudio. Foto razonable, no salía en el gimnasio, tenía un tomate en la mano, lo cual Iria había registrado como señal de algo sin estar del todo segura de qué. Lo vio desde fuera del bar antes de entrar.

El parecido con la foto requería cierta imaginación.

Tomó apuntes.


El segundo tenía mejor foto y treinta minutos de ex.

—Es que hay mujeres que no saben lo que quieren.

—Ajá.

—Yo soy muy claro. Yo sé lo que quiero.

—¿Y qué quieres?

Pausa.

—Alguien que sepa lo que quiere.

Iria miró el café. El café no tenía opinión sobre el tema, que era su principal ventaja en ese momento.


El tercero podría ser el padre del de la foto si apurabas.

Amable. Sin aristas.

Llegó a casa y miró sus propias fotos con la atención con que había estado mirando las de los demás, que era una atención que producía resultados perturbadores si se aplicaba a la imagen propia. Llamó a Anna. Le envió las fotos que había puesto en el perfil.

—¿Me parezco a mí?

Anna soltó una carcajada.

—Claro que te pareces. Son tuyas y son recientes.

No le convenció. El problema no era si las fotos eran recientes. El problema era otro y no sabía formularlo todavía así que lo dejó como pregunta abierta en el cuaderno junto a otras preguntas abiertas que tampoco tenían respuesta disponible.


Luego llegó Javi.

Conversación interesante por la mañana. Iria olvidó, como olvidaba otras cosas tan importantes como comer, que tenía la aplicación. Cuando volvió, Javi estaba enfadado porque no le había respondido, lo cual era información sobre el sistema de Javi que Iria anotó en el cuaderno sin comentarlo.

En paralelo estaba Étienne. Conversación cordial en francés. «Supprime le match si tu n’as plus envie de parler». Más abajo Andreu, música, grupos en común, muchos. Quedaron. Iria pensaba en «busca las cinco similitudes» mientras lo escuchaba hablar.

La persona no coincidía con la foto. Esto dejó de ser la excepción y pasó a ser el patrón, que era un hallazgo metodológicamente relevante y personalmente inquietante porque implicaba que el problema podía estar en cualquier dirección incluyendo la suya propia.

Miró el espejo cuando llegó a casa.

El espejo tampoco tenía opinión.


Tim era un guiri muy simpático. Además se llamaba Tim, como Tim Buckley, lo cual era un dato irrelevante para el estudio y sin embargo Iria lo anotó.

Le explicó la investigación: trayecto de match a cita, uso, resultados, impacto.

—Oye, te quiero hacer una pregunta un poco extraña.

—Dime.

—¿Te animarías a hacer un OnlyFans conmigo? Se saca bastante dinero.

Iria soltó una carcajada.

En el metro de vuelta pensó que el estudio no iba a ningún sitio o iba a algún sitio pero no al que había planeado. La hipótesis inicial había sido que podía separar la investigación de la soltería. La hipótesis había resultado incorrecta. Ambas condiciones operaban simultáneamente en el mismo sistema y el sistema no tenía interruptor.

Siguió con las entrevistas.


Uno le habló. O le habló ella. Ya no se acordaba, que también era un dato sobre el estado del sistema.

Iria se rió. Luego de nuevo. Luego él dijo algo que parecía honesto y que no parecía diseñado para producir un efecto específico, lo cual era suficientemente infrecuente para registrarlo.

Siguió con las preguntas de la entrevista.

En algún punto cerró el cuaderno sin saber cuándo.

Seguía pareciendo honesto. Le despertaba curiosidad, no sabía de dónde venía la curiosidad exactamente, no la había buscado, había llegado mientras hacía otra cosa, como llegaban algunas de las cosas más difíciles de gestionar.

«¿Te apetece quedar?»

«Sí, por qué no. Pero este finde lo tengo complicado».

«Ok».

No insistió.

«Dommage», pensó. Había empezado como entrevista y probablemente eso era todo lo que iba a ser. Una lástima, porque era la primera vez en todo el proceso que había cerrado el cuaderno sin darse cuenta y eso también era un dato y los datos que no se anotan no desaparecen, se archivan solos en algún sitio al que el cuaderno no tiene acceso.

No lo anotó.


Luego apareció Biel.

«¿Es aquí lo del estudio?»

Iria sonrió.